A la nieve

Este fin de semana hemos hecho una escapada en familia ¡¡a la nieve!! No era la primera vez que llevábamos a los peques a la nieve, porque ya fuimos hace dos años. Entonces la experiencia no fue nada buena, la verdad: al chaturrete, que tenía un año y medio, no le hizo ninguna gracia estar ahí en medio del frío, y a la chiqui le pilló un día con el humor torcido y tampoco le entusiasmó demasiado.

Esta vez ha sido diferente, ¡lo hemos pasado pipa! Decidimos subir a Vall de Núria, que está a tiro de piedra de Barcelona (poco más de hora y media de coche) y que además tenía la gracia añadida de hacer el recorrido hasta las pistas en tren cremallera. Fue divertido ir buscando los trozos de hielo y nieve por el camino, porque con las temperaturas que ha hecho, al margen de las pistas, no es que el paisaje fuese muy invernal. Pero el viaje en tren estuvo bien, la ruta entre montañas y cascadas es muy bonita y además tiene la gracia de ser la única vía de acceso al valle.

No teníamos intenciones de esquiar, ni de entrar al parque lúdico que existe en Núria. Simplemente queríamos hacer el ganso con la nieve. ¡El padre de las criaturas acertó de pleno en comprar un par de trineos de Decathlon que nos dieron bastante juego! Solo tuvimos que buscar un poco de desnivel y ¡a rodar! Bajamos solos, en parejas con los peques, de espaldas, casi tumbados… En fin, como pudimos. Hubo quien acabó haciendo la croqueta.

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A esto sumamos un paseo alrededor del lago, subida y bajada en telecabina, luchas de bolas de nieve y escalada de montaña (la chiquiturri sacó su faceta de cabra montesa y acabó escalando por la nieve) y ya teníamos el día redondo.

Íbamos totalmente equipados para la nieve (ropa térmica, pantalones de esquiar, abrigos, guantes, bufandas, gorros, calcetines dobles y botas de agua -en el caso de los peques- o de montaña), aunque la verdad es que en la montaña, frío, frío, no hacía: hasta nos tuvimos que quitar algunas capas, porque el sol apretaba.

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Los peques disfrutaron como enanos, y los mayores también. Vall de Núria es maravilloso, nos quedamos con ganas de más nieve y, aunque el tren cremallera resulte caro, ¡seguro que repetiremos!

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