Ahora resulta que son los maridos

El País publicó ayer esta noticia con un titular, como poco, llamativo: lo que realmente dificulta que las mujeres hagan carrera profesional no son los niños, sino que son los maridos.

El artículo empieza citando a Sheryl Sandberg, la misma directiva de Facebook que es capaz de convertirse en abanderada de la lucha de los derechos de la mujer trabajadora con su libro Lean In y, al mismo tiempo, dirigir una empresa en la que a las mujeres se le ofrece la posibilidad de congelar sus óvulos como medida de ayuda a la promoción laboral y conciliación familiar (en este post os contaba mi opinión sobre esta mierda de iniciativa).

Volviendo al artículo de que “la culpa la tienen los maridos”, toda la argumentación que da la periodista para sostener este titular está basada en una encuesta a estudiantes, en la que había más chicos que chicas que esperaban que su pareja se responsabilizase más de la familia que ellos mismos.

Lo siento, pero no. No podría estar más en desacuerdo. Mi marido no es quien frena mi ascenso profesional.

En todo caso, serán los poderes públicos, que no mueven un dedo por ayudar a las familias.

En todo caso, será la sociedad, que todavía da por hecho que quienes crían a los niños son las madres, y que los padres “ayudan”, como si un hijo no fuese un producto al 50%.

En todo caso, será la desigualdad salarial, que impulsa a que reduzcamos horario (y sueldo) el miembro que menos dinero gana, para que la economía familiar se resienta menos.

En todo caso, será la cultura empresarial, con sus horarios interminables y su beneplácito a los “calientasillas”, donde vale más el tiempo que estamos en el trabajo que lo que hacemos en él.

En todo caso, serán las empresas, que ven como un problema tener que renunciar a tiempo laboral de sus trabajadoras en embarazos, bajas y reducciones (en el caso de los hombres esto no preocupa, claro).

Y, en todo caso, seré yo, que no renuncio a estar con mis hijos y no estoy dispuesta a verlos escasas dos horas antes de que se vayan a dormir por pasar más tiempo en la oficina, por mucho que su padre pudiese encargarse de ellos mientras yo trabajase.

¿Ahora resulta que es mi marido quien impide mi ascenso profesional? Rotundamente no. Echadle la culpa a otro.

Maridos

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