La lanza de “matal”

Sant Jordi era un caballero, que, blandiendo su lanza, llega a salvar a la princesa justo en el momento en el que el dragón se la iba a comer. Le clava la lanza al dragón y lo mata (los catalanes me perdonaréis la simplificación de la leyenda).

Sant Jordi es la fiesta popular más importante en Cataluña. En los coles y en las guarderías la celebran desde semanas antes. Desde hace algo más de dos meses, el chaturrete ve a Sant Jordi por todos sitios, tan pronto como ve un caballo o algo que le recuerde una armadura. Todos los días canta varias veces la canción de Sant Jordi. Se ha hecho un gran devoto, pero de un santo con lanza. Que para él es lo más importante.

La lanza es lo que más le gusta de Sant Jordi. El nene todo el día está con el puño en alto, con su lanza imaginaria en mano. Cualquier cosa fina y larga que quede a su alcance, para él es una lanza. Que juega a correr por la calle, él corre lanza en mano. Que le haces cosquillas: “te clavo mi llança, aaaah, te voy a matal!” (dándote un puñetazo donde pille). A veces cambia la lanza por una espada, que para el caso es lo mismo.

Que tu hijo, que no llega a los tres años, amenace con  clavarte la llança y “matalte”, crea en mí un profundo desasosiego.

¿Estamos criando un monstruo? ¿Serán las hormonas adolescentes, que se le están adelantando? ¿O es que, por alguna razón que se me escapa (ya estamos otra vez con el temita), los niños acaban jugando a dar yoyas a diestro y siniestro, y el chatu ya ha llegado a esa edad?

¡¡A cubierto!!

lalanzadematal

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