Princesas o leones

Hace unas semanas os contaba que fuimos a ver Frozen. No sospechaba que le iba a dar para tanto la película: ahora el juego favorito de la chiquiturri es jugar a las princesas de Frozen.

Con una amiguita suya del cole, o conmigo, si ella no está, juegan a ser la princesa Ana y la princesa Elsa, y se persiguen, mirándose con caiditas de ojos, diciéndose la una a la otra: “hermanita, ¡vamos a jugar! Hazme un muñeco de nieeeeeeeeeeveeeee, venga vamos a jugaaaaaaaar”. Repitiéndolo hasta el infinito.

Está en una fase de princesas total. Los zapatos más finos: de princesa. Todos los vestidos: de princesa. Collares, pulseras, pincitas del pelo.

Todo lo típicamente de niña, no es de niña, sino de princesa. Y gana puntos en su percepción de cosas molonas.

Este juego, obviamente, está a años luz de los niños. Bueno, a su hermano lo pone a veces a hacer de trol, o de muñeco de nieve, o de lo que sea. Pero a los niños de su edad, este jueguecito de princesas les suena a chino.

De hecho, este fin de semana estuvieron sus amiguitos en casa. Estuvieron viendo El Rey León, y mientras veían la película, sus amiguitos se dedicaban a luchar entre ellos como los leones, enseñando colmillos y dándose zarpazos con las garras. En un momento que se le acercaron a la chiqui más de la cuenta, les dijo: “dejadme, que soy una niña y yo a eso no puedo”.

Glups, lo que nos queda…

princesasoleones

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